Es un
hecho bien conocido que un ladrón criticará siempre al
hombre que acaba de robarle..., que los políticos buscan
un cargo no desplegando o exhibiendo sus propias
virtudes y calificaciones, sino tratando de desacreditar
a sus oponentes.
Los
astutos fabricantes de ropas no se han mostrado remisos
en capitalizar este básico temor a la crítica que parece
ser la maldición que pesa sobre toda la humanidad. En
cada estación del año varían constantemente los estilos
de muchos artículos de vestir. ¿Quién impone los
estilos? Ciertamente que no lo hace el comprador, sino
el fabricante. ¿Por qué éste cambia los estilos tan a
menudo? La respuesta es evidente. Cambia los estilos
para poder vender más.
Por la
misma razón los fabricantes de automóviles cambian el
estilo de sus modelos cada año. Ningún hombre quiere
conducir un coche que no sea el último modelo.
Estamos
describiendo hasta ahora la forma que se comporta la
gente bajo la influencia del temor a la crítica con
referencia a las cosas pequeñas de la vida. Examinemos
en seguida el comportamiento humano cuando este temor
afecta a la gente en conexión con los acontecimientos
más importantes de las relaciones humanas.
Tomemos
por ejemplo el hipotético caso de una persona que ha
alcanzado la edad de la plena madurez mental (de 35 a 40
años de edad como promedio general), y si usted pudiese
leer los secretos pensamientos de su mente descubriría
una incredulidad muy pronunciada a gran número de las
fábulas expuestas por la mayoría de los dogmatizadores
de hace unas cuantas décadas.
¿Por
qué la persona corriente, incluso en esta época de
progreso, trata de negar su incredulidad a tales
fábulas? La respuesta es: "Por miedo a la crítica" Los
hombres y mujeres fueron condenados muchas veces a la
hoguera por atreverse a declarar que no creían en
fantasmas. No tiene nada de extraño que hayamos heredado
una conciencia que nos hace temer a la crítica. Hubo una
época, aún no muy lejana, en la que la crítica se hacía
acreedora a severos castigos, y todavía ocurre en
algunos países.
Con
frecuencia los padres perjudican terriblemente a sus
hijos al criticarlos. La madre de uno de mis "amigotes"
de adolescencia acostumbraba a castigar a este último
con un látigo casi diariamente, completando siempre su
hazaña con la siguiente declaración: "Pasarás a la
penitenciaría antes de que cumplas los veinte años". El
muchacho ingresó en un reformatorio a la edad de
diecisiete años.
La crítica
es una de las formas de servicio más abundante de que
uno disfruta. Todo el mundo posee buen acopio de
"crítica" que se reparte gratis, se necesite o no. Y los
peores en este caso siempre son los parientes más
próximos. Debía considerarse como un crimen (pues en
realidad es un crimen de la peor naturaleza) el que
cualquier padre o madre creen complejos de inferioridad
en la mente de un niño mediante críticas totalmente
innecesarias.